Nostalgia, arcades y jazz.
¿Y la emoción que se experimenta a través de la forma y el contenido de la obra, no del recuerdo? El prejuicio de quienes critican la nostalgia asume que el objeto es obsoleto y solo tiene valor como recuerdo. No hay que dejar de lado que el retrogaming también se puede ver desde una perspectiva de disfrute estético, lúdico y tecnológico. Música, sonidos, colores, jugabilidad. Jugar, mirar, escuchar, apreciar desde un registro emocional que no es solo producto del recuerdo de la época.
No hace demasiado tiempo que empecé a descubrir el jazz: Bill Evans, Chet Baker, John Coltrane, entre tantos otros. Salvando las distancias, en términos de experiencias de goce, pienso que el retrogaming se puede asimilar a escuchar música clásica o jazz. Tuve la suerte de jugar en los 70 y 80; no tuve el privilegio de apreciar ese jazz en su época.
Haber estado presente en el VillageVanguard en 1961 es a la "experiencia arcade" el haber jugado en un salón (la emoción biográfica). Escuchar hoy un disco de Bill Evans es como jugar a la ROM del juego en un emulador. También se puede escuchar a Evans desde Spotify o YouTube, pero la experiencia de escucharlo tocando en el Village Vanguard es irrepetible; se perdió para siempre.
Irrepetible también es la experiencia arcade de jugar en un salón de la época, aunque en lugar de un emulador, en la actualidad, el juego corra en una máquina original. Jugar con fichas compradas, el salón, el humo, los curiosos, la cacofonía de ruidos, la música, los efectos... la experiencia irrepetible.
Lo irrepetible puede generar resistencias desesperadas hasta paradójicas: como la de quienes intentan atrapar la experiencia de un concierto grabándolo con el celular y, en el proceso, terminan perdiéndosela.
Claro que se puede gozar de escuchar hoy día una pieza de jazz o jugar un arcade de los 80. Más allá de la nostalgia, el reto es encontranos de forma nueva piezas de jazz o videojuegos arcade, convirtiendo esos clásicos en el escenario de experiencias actuales y auténticas cada vez que volvemos a ellos.
El conocimiento de quièn experimentó conlleva cargar la cruz de la nostalgia por lo perdido. ¿Necesariamente tiene que ser algo malo la nostalgia? ¿Y si, además de apreciar los juegos en sí, en algunos momentos nos pueden transportar a la época? Sí, puede haber un goce biográfico. El goce es válido. La nostalgia puede funcionar como espacio de defensa y seguridad psicológica.
La nostalgia que rechazo es la de los viejos malhumorados, la otra cara de la moneda de "todo lo antiguo es obsoleto": rechazan lo nuevo, dicen que todo tiempo pasado fue mejor.
Mi ritual al caer la noche: jugar unas partidas a Galaxian o pacman tomando whisky -barato- y escuchando jazz.
2026 Arqueología de Salón del Arcade. Algunos derechos reservados bajo licencia CC BY-NC-SA. Se permite la reproducción citando la fuente original: [https://argueologiadesalondelarcade.blogspot.com/]

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